El nombre de Gaia siempre ha causado fascinación entre personas muy distintas y por diferentes razones.

Por ello, podemos encontrarnos con distintas interpretaciones de su significado:

  • Etimológicamente
  • En otras culturas
  • En la teoría ecológica moderna

Etimológicamente

Gaia es una palabra compuesta por dos elementos. *Ge, que significa ‘Tierra’, se encuentra en muchos neologismos, como Geografía (Ge/graphos, escribir sobre la Tierra) y Geología (Ge/logos, palabras sobre la Tierra). *Ge es una palabra sustrato pregriega que algunos relacionan con la sumeria Ki, que también significa ‘Tierra’. *Aia es un derivado de una raíz indoeuropea que significa ‘abuela’. Por tanto, la etimología completa de Gaia parecería haber sido ‘abuela Tierra’

Algunas fuentes, como los antropólogos James Mellaart, Marijas Gimbutas y Barbara Walker, afirman que Gea como la Madre Tierra es una evolución de la Gran Madre del preindoeuropeo, una diosa de la vida y la muerte generosa pero pavorosa, que había sido venerada ya desde el Neolítico Oriente Próximo, Anatolia y la zona de influencia de la cultura egea, pero también más allá de Malta y las tierras etruscas. Esta teoría levanta controversia en la comunidad académica. La creencia en una Madre Tierra nutricia es a menudo una característica del moderno culto neopagano a la «Diosa», que suele ser vinculado por los practicantes de esta religión con la teoría de la diosa neolítica.

La separación que Hesíodo hizo de Rea y Gea no fue seguida rigurosamente, ni siquiera por los propios mitógrafos griegos. Mitógrafos modernos como Kerl Kerényi o Carl A. P. Ruck y Danny Staples, así como una generación anterior influenciada por La rama dorada de James Frazer, interpretan que las diosas Deméter la «madre», Perséfone la «hija» y Hécate la «vieja», como las entendían los griegos, eran tres aspectos de una Gran Diosa anterior, que podría ser identificada con Rea o con la propia Gea. Estas diosas tripartitas son también una parte de la mitología celta y pueden proceder de los protoindoeuropeos. En Anatolia (la actual Turquía) Rea era conocida como Cibeles, una diosa derivada de la Kubaba mesopotámica, la Kebat hurrita o Kepa. Los griegos nunca olvidaron que el antiguo hogar de la Madre Montaña era Creta, donde una figura en parte identificada con Gea había sido venerada como Potnia Theron (Πωτνια Θερων), la «Señora de los Animales», o simplemente Potnia, la ‘Señora’, un apelativo que podría ser aplicado en textos griegos anteriores a Deméter, Artemisa o Atenea.

La llegada de los dioses del Olimpo con los inmigrantes al Egeo durante el II milenio adC, y la en ocasiones violenta lucha por suplantar a Gea, imbuye a la mitología griega de su característica tensión. Ecos de la fuerza de Gea persisten en la mitología de la Grecia clásica, donde sus papeles están divididos entre Hera, consorte de Zeus, Deméter, Artemisa, gemela y esposa de Apolo, y Atenea.

En Roma la diosa frigia importada Cibeles fue venerada como Magna Mater, la ‘Gran Madre’, o como Mater Nostri, ‘Nuestra Madre’, e identificada con Ceres, la diosa romana de la agricultura que era aproximadamente equivalente a la griega Deméter, pero con diferentes aspectos y adorada con diferentes cultos. Su culto fue llevado a Roma tras un augurio de la Sibila de Cumas sobre que Aníbal el cartaginés no sería derrotado hasta que dicho culto llegase a Roma. Como resultado fue una divinidad favorita de los legionarios romanos y su culto se extendió desde los campamentos y colonias militares romanas.

Información extraída de la página web de Wikipedia: http://es.wikipedia.org

En otras culturas

La idea de que la propia tierra fértil era femenina y nutría a la humanidad no estuvo limitada al mundo grecorromano. Estas tradiciones se vieron influidas en gran medida por culturas anteriores de la zona central del antiguo Oriente Medio. En la mitología sumeria, Tiamat influyó en las nociones bíblicas del abismo del Génesis. El título «madre de la vida» fue concedido más tarde a la diosa acadia Kubaba, y por tanto a la hurrita Hepa, que evolucionaría a la hebrea Eva (Heva) y a la frigia Cibeles (Kubala). En la mitología nórdica la Gran Madre, la misma madre de Thor, era conocida como Jord, Hlódyn o Fjörgyn. Nanna, otra diosa madre, era la madre del agonizante dios Baldur. Los celtas irlandeses adoraron a Danu, mientras los celtas galeses adoraron a Dôn. Dana jugó un papel importante en la mitología hindú y las pistas de sus nombres presentes en toda Europa, como el río Don, el Danubio, el Dniéster y el Dniéper, sugieren que provienen de una antigua diosa protoindoeuropea[2]. En la mitología lituana Gea - Žem? es hija del Sol y la Luna, y también esposa de Dangus (Varuna). En las culturas del Pacífico, la Madre Tierra era conocida bajo tantos nombres y con tantos atributos como las culturas que la reverenciaban. Por ejemplo, el mito de la creación de los maoríes incluye a Papatuanuku, compañera de Ranginui, el Padre Cielo. En Sudamérica (Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y noreste de Argentina) perdura el culto a la Pachamama (de pacha, ‘tiempo’ o ‘época’, y mama, ‘madre’, en quechua). Los aztecas conocían a la diosa tierra como Coatlicue (‘la de la falda de serpientes’ en náhuatl), mientras las antiguas culturas mexicanas se referían a ella como Tonantzin Tlalli, que significa ‘Reverenda Madre Tierra’. En las religiones indias, la Madre de toda la creación es llamada Gayatri, forma sorprendentemente parecida a Gea.

Carl Gustav Jung sugirió que la madre arquetípica era una parte del inconsciente colectivo de todos los humanos y varios estudiantes jungianos, como Erich Neumann y Ernest Whitmont, han argumentado que dicho arquetipo apuntala muchas mitologías y precede a la imagen del padre en dichos sistemas religiosos. Tales especulaciones ayudan a explicar la universalidad de esta imaginería de diosa madre.

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En la teoría ecológica moderna

Este nombre mitológico fue rescatado en 1979 por James Lovelock para su hipótesis Gaia. La hipótesis propone que los organismos vivos y las materias inorgánicas forman parte de un sistema dinámico que da forma a la biosfera de la Tierra. La propia Tierra se considera un organismo con funciones autorregulatorias.

La hipótesis de Gaia es un conjunto de modelos científicos de la biosfera en el cual se postula que la vida fomenta y mantiene unas condiciones adecuadas para sí misma, afectando al entorno. Según la hipótesis de Gaia la atmósfera y la parte superficial del planeta Tierra se comportan como un todo coherente donde la vida, su componente característico, se encarga de autorregular sus condiciones esenciales tales como la temperatura, composición química y salinidad en el caso de los océanos. Gaia se comportaría como un sistema auto-regulador (que tiende al equilibrio). La teoría fue ideada por el químico James Lovelock en 1969 (aunque publicada en 1979) siendo apoyada y extendida por la bióloga Lynn Margulis. Lovelock estaba trabajando en ella cuando se lo comentó al escritor William Golding, fue éste quien le sugirió que la denominase “Gaia”, diosa griega de la Tierra (Gaia, Gea o Gaya).

Antecedentes históricos

La concepción de la Tierra como un organismo se remonta a los trabajos de los Naturphilosophen. Entre ellos, Henrich Steffens (1773-1845) concibió la historia de la Tierra como si se tratase de un ser vivo compuesto de diferentes órganos.

Origen de la teoría

Lovelock fue llamado por la NASA en 1965 para participar en el primer intento de descubrir la posible existencia de vida en Marte. Participó como asesor de un equipo cuyo objetivo principal era la búsqueda de métodos y sistemas que permitieran la detección de vida en Marte y en otros planetas. Uno de los problemas a resolver sería el encontrar los criterios que deberían seguirse para lograr detectar cualquier tipo de vida. A Lovelock le llamó la atención las radicales diferencias que existían entre la Tierra y los dos planetas más próximos, fue la singularidad de las condiciones de la Tierra lo que le llevó a formular su primera hipótesis.

Fundamentos

Esta teoría se basa en la idea de que la biomasa autorregula las condiciones del planeta para hacer su entorno físico (especialmente temperatura y química atmosférica) más hospitalario con las especies que conforman la «vida». La hipótesis Gaia define esta «hospitalidad» como una completa homeostasis. Un modelo sencillo que suele usarse para ilustrar la hipótesis Gaia es la simulación del mundo de margaritas (ver).

Según la segunda ley de la termodinámica un sistema cerrado tiende a la máxima entropía. En el caso del planeta Tierra su atmósfera debería hallarse en equilibrio químico, todas las posibles reacciones químicas ya se habrían producido y su atmósfera se compondría mayoritariamente de CO2 (Se estimó que la atmósfera debería componerse de, aproximadamente, un 99% de CO2) sin apenas vestigios de oxigeno y nitrógeno. Según la teoría de Gaia, el que al día de hoy la atmósfera la compongan un 78% de nitrógeno, 21% de oxigeno y apenas un 0,03% de dióxido de carbono se debe a que la vida, con su actividad y su reproducción, mantiene estas condiciones que la hacen habitable para muchas clases de vida.

Con anterioridad a la formulación de la Hipótesis de Gaia se suponía que el planeta Tierra poseía las condiciones apropiadas para que la vida se diese en él, que esta vida se había limitado a adaptarse a las condiciones existentes, así como a los cambios que se producían en esas condiciones. La Hipótesis de Gaia lo que propone es que dadas unas condiciones iniciales que hicieron posible el inicio de la vida, ha sido la propia vida la que ha ido modificando esas condiciones iniciales, que la vida participa en la modificación de esas condiciones, que las condiciones resultantes son responsabilidad de la propia vida.

Para explicar cómo la vida puede mantener las condiciones químicas de Gaia, Margulis ha destacado la gran capacidad de los microorganismos para transformar gases que contienen nitrógeno, azufre y carbono.

Información extraída de la página web de Wikipedia: http://es.wikipedia.org

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